Cartagena hace realidad su mayor transformación en transporte público en años. El primer lote de 17 busetones de última tecnología, procedentes de China, ya reposa en los muelles cartageneros, marcando el inicio de una renovación que el alcalde Dumek Turbay había prometido durante su campaña.
La operación es ambiciosa: la Alcaldía adquirió más de 50 vehículos distribuidos en tres entregas. A estos 17 busetones seguirán buses tipo padrón y, finalmente, articulados más los primeros buses eléctricos en la historia de Transcaribe —infraestructura que ya cuenta con estaciones de carga en el patio taller.
«Lo que decimos, lo hacemos», afirmó Turbay en el muelle. La frase resume el propósito: erradicar demoras, hacinamiento, goteras y falta de aire acondicionado que han caracterizado el servicio.

Los vehículos están equipados con tecnología de punta: GPS de precisión, cuatro cámaras interiores por busetón, sistema de detección de microsueños del conductor, paneles informativos en tiempo real, puertos USB en cada asiento y plataformas accesibles para personas con movilidad reducida. Cumplen norma Euro VI de emisiones.
Lo distintivo es el proceso e-coating —electrodeposición electroquímica— que protege la carrocería contra corrosión en climas tropicales como el cartagenero, un estándar industrial de clase mundial.
Mientras se tramita nacionalización y aduanas, los buses serán acondicionados en el patio de Transcaribe antes de reforzar rutas alimentadoras. Para una ciudad que sufre saturación vehicular, esta modernización no es solo cosmética: es una apuesta por eficiencia operativa que podría definir la competitividad del sistema en los próximos años.
El viaje de estos buses termina en las calles de Cartagena. Su impacto apenas comienza.



