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lunes, mayo 18, 2026

La era del sexo rápido y el amor desechable

"Debería empujarnos, como sociedad, a preguntarnos qué estamos normalizando frente a nuestros niños, niñas y adolescentes."

@elmontemariano

#6AñosCirculandoJuntos | Seis años no solo hablan de tiempo. Hablan de decisiones, de propósito y de la forma en que elegimos hacer empresa. En Urbaser Colombia hemos crecido construyendo una cultura que pone a las personas en el centro, que entiende el error como parte del aprendizaje y que trabaja todos los días para que la economía circular sea una realidad. Hoy celebramos el camino recorrido y, sobre todo, el compromiso de todos nuestros colaboradores. Seis años creciendo con propósito. #6AñosCirculandoJuntos

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Por Mayerlin Barboza Ochoa

La reciente alerta emitida por la Personería de Montería sobre el incremento de embarazos adolescentes, especialmente en menores de 14 años, debería obligarnos a hacer algo más que escandalizarnos. Debería empujarnos, como sociedad, a preguntarnos qué estamos normalizando frente a nuestros niños, niñas y adolescentes.

Durante años pensamos que el Internet iba a ser una herramienta poderosa para educar. Creíamos que el acceso inmediato a la información ayudaría a formar generaciones más conscientes, más responsables y mejor preparadas para hablar de sexualidad sin prejuicios. Y en parte sí ocurrió: el sexo dejó de ser un tema prohibido, muchas conversaciones incómodas pudieron darse y hoy existe más información sobre métodos anticonceptivos, enfermedades de transmisión sexual y salud reproductiva.

Pero en medio de esa apertura también se perdió algo importante: el límite.

Hoy los niños y adolescentes crecen en un entorno donde el contenido sexual aparece antes incluso de que exista la madurez emocional para comprenderlo. Las redes sociales, la música, las plataformas digitales y hasta las conversaciones cotidianas giran constantemente alrededor del sexo. La pornografía dejó de ser algo escondido y pasó a estar al alcance de un clic, sin filtros reales y sin supervisión suficiente.

Y eso inevitablemente transforma la forma en que las nuevas generaciones entienden las relaciones humanas.

Pareciera que el amor pausado, el descubrimiento gradual y las etapas naturales de la adolescencia fueran conceptos anticuados. Hoy muchos jóvenes reciben el mensaje de que experimentar sexualmente rápido es sinónimo de madurez, aceptación social o popularidad. Como si hubiera una competencia silenciosa sobre quién inicia primero, quién “sabe más” o quién se atreve a prácticas cada vez más riesgosas.
Las redes sociales también se han convertido en escenarios donde muchos adolescentes buscan validación a través de la exposición de su cuerpo o de actitudes hipersexualizadas. Mientras tanto, las conversaciones íntimas empiezan cada vez más temprano y con mayor ligereza. El sexting —el envío de fotografías o mensajes de contenido sexual— ya hace parte del lenguaje cotidiano de muchos menores, como si fuera una extensión normal de cualquier conversación digital.

Y quizás ahí está una de las grandes preocupaciones: el sexo comenzó a parecer algo emocionalmente desechable.

Ya no siempre está ligado al afecto, a la construcción de confianza o al descubrimiento responsable del otro. En muchos casos se vive desde la inmediatez, desde la presión social o desde la necesidad de encajar. Y las consecuencias terminan apareciendo demasiado pronto: embarazos adolescentes, afectaciones emocionales, exposición digital, relaciones tóxicas y una visión distorsionada de la intimidad.

Esto no significa satanizar la sexualidad ni pedir el regreso de los tabúes. La solución tampoco está en condenar a los jóvenes. Ellos están creciendo en medio de una realidad construida por los adultos, por la industria digital, por los contenidos que consumimos y por una sociedad que convirtió el sexo en mercancía, espectáculo y tendencia.

La reflexión verdadera debe ir hacia otro lado: ¿estamos enseñando a nuestros adolescentes únicamente a tener sexo o también les estamos enseñando a construir vínculos, a respetarse, a poner límites y a entender el valor emocional de la intimidad?

Porque tal vez el problema no es que hoy se hable de sexo con libertad. El problema es que muchas veces se habla de sexo sin responsabilidad, sin profundidad y sin humanidad. Y mientras eso ocurre, la infancia y la adolescencia parecen ir desapareciendo cada vez más rápido.

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