Hay inversiones que no se miden en cifras, sino en sonidos. El gobernador Erasmo Zuleta Bechara entregó 267 instrumentos musicales a 27 agrupaciones de la Escuela de Bellas Artes Francisco Zumaqué, una apuesta que en su primera fase llega a 12 municipios y que devuelve a las comunidades algo más valioso que un activo: su voz.
Cada instrumento carga una herencia. Las trompetas, clarinetes, bombardinos, tubas, redoblantes, platillos, bombos y liras darán aliento a las bandas marciales; mientras las gaitas cortas y largas, tamboras, tambores alegres y llamadores, maracas, guaches y guacharacas harán latir las expresiones más profundas del Caribe. Con ellos revivirán el porro, el bullerengue, los pitos y tambores, los sextetos y las bandas de viento: los sonidos que definen lo que significa ser cordobés.
La dotación se diseñó a la medida de cada territorio, respetando su vocación y sus tradiciones. Detrás de cada gaita hay niños y jóvenes seleccionados por convocatoria pública, formados por maestros que les enseñan que el arte también es un camino para liderar sus comunidades.
“Esto me da vida porque yo también estuve detrás de un instrumento. El arte expresa lo que las palabras no pueden, el arte libera”, expresó Zuleta, acompañado por la gestora social Valeria Vega, quien también respalda la iniciativa.
El compromiso, además, quiere volverse permanente. La administración prepara una ordenanza para institucionalizar la Escuela de Bellas Artes y asegurar sus recursos. “Vamos a dejar una ordenanza para que nunca más se apague la llama de la cultura”, afirmó el mandatario.
Ejecutado por la Fundación FUSACS junto a la Secretaría de Cultura Departamental, y con antecedentes como los Premios Bonche de Oro, el programa siembra hoy los sonidos que las próximas generaciones seguirán tocando.



