Adolfo Pacheco y la matemática de su lírica

Adolfo Pacheco y la matemática de su lírica

“Cuando Dios a este mundo lo creó/ las criaturas tuvieron su existencia/ pero como al hombre le dio inteligencia/ a todos los animales dominó/ y como le dio el dominio en arte lo convirtió/ por ejemplo al gallo fino su lucha la organizó”. 

Así plasmó Adolfo Pacheco Anillo la primera estrofa de su composición más reciente, esa que él mismo cantó, que ya está grabada, pero a la que el maestro aún no le ha puesto nombre.

Hablar de Adolfo Pacheco es hablar de poesía. El compositor de San Jacinto Bolívar (8 de agosto de 1940), se encuentra internado desde el pasado 30 de mayo en la Clínica General del Norte de Barranquilla a donde fue llevado de urgencia luego de presentar una descompensación física y complicaciones respiratorias.

Pero como los gallos finos, el maestro Pacheco da la pelea y se va recuperando rápidamente. Ayer fue intervenido quirúrgicamente en la Clínica General del Norte, donde le realizaron una angioplastia coronaria sin complicaciones. Este procedimiento consiste en una corrección quirúrgica de una vena o de un vaso que conecta al corazón y que presentaba obstrucción. Con esto se evita una enfermedad coronaria de alto riesgo.

“Ha evolucionado muy bien. Lo más probable es que hoy [06 de junio de 2020 al momento de la comunicación] lo pasen a hospitalización. Él aún se encuentra en UCI, pero no está entubado, siempre lo están monitoreando. 

Sostuvimos una conversación telefónica con él como de 10 minutos. Le sentimos la voz enérgica, hasta nos dio unas directrices para la casa y la finca. También nos pidió un radio”, contó Gloria Pacheco, hija mayor del hogar del cantautor con Lady Anillo.

En medio de su convalecencia, Pacheco no ha perdido esa jocosidad que lo caracteriza y gracias a esa facilidad para interactuar con las demás personas muchos lo consideran como un padre. 

“El lunes hablé con él y le dije  ‘maestro ese tema ya está listo, solo falta meterle los coros.  ¿Ese tema como se llama? Me respondió: ‘¡Carajo no le he puesto nombre’. Pacheco ha tenido que ver mucho en la familia, le debemos mucho a él, es como un padre, es un tío, es compadre de mi papá y es mi compañero, tengo ocho años de estar con el maestro. Hemos recorrido Colombia, estuvimos en Perú. Tengo muchas anécdotas bonitas a su lado”, asegura el acordeonista Luis Ramón Vargas Montoya, hijo del compadre Ramón, el que menciona Pacheco en su gran éxito La Hamaca Grande.

El maestro Adolfo Pacheco junto a Luis Ramón Vargas Montoya.Archivo particular

Entre matemáticas y literatura

En la mente de Numas Armando Gil Olivera, reconocido filosofo de San Jacinto (Bolívar), aún se conservan esas épocas en las que Adolfo Pacheco le dictaba clases en el colegio Instituto Rodríguez. Gil Olivera conoció de cerca la historia del creador del Viejo Miguel y también escribió un libro que relata la vida de Pacheco Anillo.

“Yo tenía 10 años cuando lo conocí. Él fue profesor mío en el colegio Instituto Rodríguez de San Jacinto en 1963, cuando estábamos terminado la primaria. Fue profesor de matemáticas y de preceptiva literaria, que se daba lo sábados, ahí fue donde conocí a Adolfo Pacheco y ya estaba haciendo composiciones”, relata el escritor Numas Armando.

El filósofo sanjacintero también recordó algunas de las canciones que compuso el artista de los Montes de María mientras era profesor. 

“Recuerdo que salíamos a recreo y el primero que salía era él y se iba directamente al curso donde estaba enseñando la ‘seño’ Ana Dolores Arrieta, y a ella le compuso tres canciones en ese periodo. La primera fue Mercedes, después le hizo El Mochuelo porque todo sanjacintero que se respete para esa época cuando se enamoraba siempre le cogía un mochuelo en el monte y se lo daba a la niña, y ella lo cuidaba en una jaula y lo atendía.  A ninguna de las dos canciones le paró bola y le hizo una tercera canción, que casi no se conoce, se llama Sin compromiso”, indicó Gil.

Como profesor Adolfo Pacheco era exigente y le gustaba poner a pensar a sus estudiantes. No solo los formaba académicamente, también les enseñaba valores y buenos principios para que se destacaran en la vida. 

“En quinto elemental nos enseñó principios de álgebra y nos ponía problemas que nos llevaban a dar lo mejor de cada uno. Era bastante exigente y pegaba. Era la época de ‘la letra con sangre entra y la labor con dolor’. Se quitaba el cinturón él, como un papá y nos ajuiciaba. Como maestro era maravilloso porque nos mostraba dos caras: la de un matemático riguroso y la de un profesor que nos recitaba poemas y nos exigía que nos aprendiéramos todas las poesías de la cartilla Alegría de leer”, agrega el catedrático.

Como maestro era maravilloso porque nos mostraba dos caras: la de un matemático riguroso y la de un profesor que nos recitaba poemas

Cátedra musical

Dimas Solano lleva más de 30 años acompañando al maestro Adolfo Pacheco, es quien le hace los coros en las canciones y cada vez que hay una presentación está firme respaldando a su profesor. 

“En todas la actuaciones siempre me dice que le ayude mucho. A veces se queda sin voz o cualquier cosa y ahí lo respaldo. Yo me sé toda la música de él y por instinto ya sé dónde metérmele. Él con la vista me hace seña y ya yo sé dónde entrar”, apuntó el corista que conoce a Pacheco desde niño.

Adolfo Pacheco es un amante de los gallos y de las ‘Chepacorinas’ (galletas originarias de El Carmen de Bolívar). En sus canciones relata sus vivencias y también algunas en son de protesta como La Hamaca Grande, que es conocida a nivel mundial y que han grabado artistas como Carlos Vives y otros 30 músicos en diferentes ritmos. 

 “Mi papá cogió la canción de La Hamaca Grande y la llevó por todos los pueblos. La entrada de esa canción es de mi papá. El motivo de la canción fue porque a Andrés Landero le robaron la corona de Rey Vallenato en Valledupar. Entonces Pacheco arranca haciendo la canción, pero de rabia, de protesta y él arranca con mi papá. Era una vaina fuerte, pero después dijo que los iba a subir al cielo”, sostuvo Luis Ramón Vargas Montoya, hijo del famoso “compadre Ramón” que Pacheco menciona en su icónico canto.

El joven Yeison Landero, nieto de Andrés Landero, quien también ejecuta el acordeón considera a Adolfo Pacheco como una gran persona de la cual también ha aprendido mucho. 

“El maestro, nuestro último gran juglar ha influido mucho en grandes artistas. El legado de Andrés Landero también tiene influencia en este gran compositor, ellos eran muy amigos. 

Sus primeras composiciones fueron grabadas por mi abuelo Andrés Landero. Precisamente estoy haciendo una canción que estaré lanzando en estos días que se llama Cuando lo negro sea bello, una de las composiciones de Adolfo Pacheco”, indicó Yeison Landero.

Adolfo Pacheco Anillo quiere seguir meciéndose en su ‘Hamaca Grande’ y continuar llevando una bella serenata con música de acordeón para alegrar así la vida de muchos amantes de la música que nace en nuestro Caribe colombiano.
 

El juglar fue postulado al premio Vida y obra que otorga el Ministerio de Cultura.Archivo particular

Premio vida y obra

Adolfo Pacheco Anillo fue postulado ayer oficialmente al premio Vida y obra del Ministerio de Cultura. 

Esta postulación titulada ‘Adolfo Pacheco, el padre de la Hamaca Grande’ se llevó a cabo, luego de hacer una investigación minuciosa de aspectos de su vida, su familia, su aporte a la musical del acordeón del país, su representación nacional e internacional de la cultura del Caribe colombiano, la versatilidad de su obra musical y sus más de 50 años de vida artística. 

“Es una gran noticia para toda la cultura del Caribe en general. Es un premio merecido por la historia, la dedicación y lo que significa el maestro para la música colombiana. Hemos realizado una asistencia técnica a la postulación porque llegó la hora de hacerle en vida este valioso reconocimiento de carácter nacional” sostuvo el gobernador de Bolívar, Vicente Antonio Blel.

Rosember Anaya , Especial El Heraldo